Valencia Basket responde a los golpes de talonario del baloncesto europeo

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Cuando Valencia Basket levantó la Liga Endesa en el Palau Blaugrana, el pasado mes de junio, acababa de completar la mejor temporada de su historia. Lo que nadie podía imaginar es que aquella celebración iba a ser también el punto de partida de una de las mayores reconstrucciones que ha afrontado el club. Apenas terminó la final, el mercado comenzó a desmontar el equipo campeón pieza por pieza y Valencia se encontró ante una situación que Luis Arbalejo describió ayer con una frase que resume perfectamente el verano: habían salido nueve jugadores y varios miembros del cuerpo técnico, y todo había sucedido a una velocidad extraordinaria.Jean Montero fue uno de los primeros en marcharse. El base dominicano, convertido en una de las grandes revelaciones del campeón, puso rumbo al Olympiacos después de que el club griego abonara una cláusula de rescisión de apenas 500.000 euros. Brancou Badio también terminó en un gigante de la Euroliga, el Panathinaikos, mientras Braxton Key fue reclutado por el Fenerbahçe. Jaime Pradilla acabó en el Real Madrid después de que el conjunto blanco asumiera su cláusula y Darius Thompson se marchó al Armani Milán. Matt Costello puso rumbo a Japón, al Chiba Jets, mientras Sergio de Larrea se incorporó a los Dallas Mavericks y Xabi López-Arostegui pasó a La Laguna Tenerife. A todo ello se añadió la salida del hombre que había dirigido al equipo campeón, Pedro Martínez, también con destino al Real Madrid.

La fotografía era brutal. Valencia acababa de conquistar la Liga y, prácticamente al mismo tiempo, los grandes proyectos económicos del continente habían empezado a utilizar su músculo financiero para llevarse a los protagonistas del éxito. El campeón no podía permitirse simplemente conservar lo que tenía porque el mercado había cambiado las reglas y había cambiado, además, a una velocidad que el propio club admite que no había experimentado antes.

La salida de Montero resulta especialmente reveladora. Valencia había descubierto al jugador, lo había convertido en una pieza fundamental de su proyecto y había terminado perdiéndolo por una cantidad que, en la nueva economía de la Euroliga, dejó de ser suficiente para proteger una estrella. Lo mismo ocurrió con Badio y con Pradilla, hasta el punto de que el club empezó a revisar radicalmente su política de cláusulas. Arbalejo explicó que Valencia había elevado algunas hasta casi seis millones de euros, pero advirtió al mismo tiempo de que incluso esas cantidades pueden dejar de ser disuasorias cuando existen clubes con presupuestos de 50 o 60 millones de euros y propietarios dispuestos a asumir inversiones que hace pocos años parecían impensables.

El verano, por tanto, no fue simplemente una reconstrucción deportiva. Fue la consecuencia directa de la transformación económica que está viviendo el baloncesto europeo. Y Valencia decidió responder. El club no podía evitar que sus jugadores fueran tentados por equipos con una capacidad económica superior, pero sí podía utilizar los recursos generados por aquellas salidas para construir una plantilla nueva y, sobre todo, aumentar la dimensión de su propio proyecto. Enric Carbonell explicó que todo el dinero ingresado mediante las cláusulas de rescisión se reinvirtió en el presupuesto y que las dos plantillas del club, masculina y femenina, son ahora más caras que las de la temporada anterior. El crecimiento de los ingresos y el impacto económico del Roig Arena han permitido elevar considerablemente la capacidad de inversión de la entidad.

Ese proceso explica mucho mejor el fichaje de Nikola Mirotić. El ala-pívot hispano-montenegrino, de 35 años, llega libre después de su última temporada en el AS Mónaco y se convierte en la incorporación de mayor impacto de este nuevo Valencia. No es solamente un jugador de enorme currículo, MVP de la Euroliga en 2022 y uno de los grandes interiores europeos de su generación. Es también la señal más evidente de que el club ha decidido responder a la estampida que sufrió después de ganar la Liga con una apuesta todavía mayor.

Mirotić llega, además, a una plantilla que ya había elevado considerablemente su coste antes de que se cerrara su incorporación. Carbonell reconoció que el nuevo equipo era más caro que el campeón de la temporada anterior y que el club había utilizado los ingresos obtenidos por las salidas para reforzar el presupuesto. Con el fichaje del hispano-montenegrino, esa inversión da un paso más.

La paradoja es evidente: Valencia ha tenido que reconstruir porque el éxito hizo que sus jugadores fueran demasiado atractivos para los grandes compradores del continente, pero esa misma situación ha generado recursos que el club está utilizando para intentar subir otro peldaño.

La diferencia respecto a otros veranos es que ahora Valencia no quiere limitarse a sustituir nombres. Quiere mantener el nivel competitivo mientras aumenta su dimensión como institución.

Por eso también resulta significativo que el club esté negociando su incorporación como accionista permanente de la Euroliga. El proyecto taronja pretende consolidarse dentro de la estructura económica y deportiva de la competición, al mismo tiempo que utiliza el crecimiento del Roig Arena y de sus ingresos para acercarse progresivamente a los grandes presupuestos continentales.

La llegada de Mirotić encaja exactamente en esa transición. Valencia perdió a Montero, Badio, Pradilla, Key, Thompson, Costello y al resto de piezas que habían construido el campeón porque otros clubes podían pagar más. Perdió incluso al entrenador que había conducido al equipo al título. Pero, en lugar de asumir que aquella temporada era irrepetible, ha utilizado el golpe para acelerar su transformación.

El Valencia campeón de Pedro Martínez fue desmontado por el mercado. El Valencia de Mirotić es la respuesta. Y ahí está probablemente la verdadera noticia. No se trata únicamente de que uno de los mejores jugadores europeos de las últimas dos décadas haya elegido el Roig Arena. Se trata de que Valencia Basket ha entendido que, en la nueva Euroliga, ganar ya no garantiza poder conservar el equipo que te ha hecho campeón. El éxito convierte a tus jugadores en objetivos y las cláusulas dejan de ser una barrera cuando enfrente hay proyectos capaces de pagar millones.

La respuesta del club está siendo intentar crecer más deprisa que esa amenaza. Por eso Mirotić no es solo un fichaje. Es la primera gran consecuencia de la estampida que sufrió el campeón.