Este 24 de agosto se cumple un año del fallecimiento de Pablo Brieba, jugador del Tizziri Tinajo, una de esas pérdidas que golpeó especialmente al baloncesto insular. Pablo tenía 30 años y era uno de los rostros reconocibles del baloncesto tinajero. Base del Tizziri, asumía sobre la pista una de las posiciones que mejor representan la esencia de este deporte: dirigir, ordenar, compartir el balón y hacer jugar a los demás.
Su desaparición dejó un vacío en el club y, sin duda, en el baloncesto conejero. También entre quienes, desde fuera de la pista, hemos acompañado durante años al baloncesto de Lanzarote.
Pero el baloncesto encontró pronto una manera de mantener vivo su recuerdo.
Se le homenajeó como se merecía. Cientos de balones botaron en el corazón de Tinajo demostrándole el cariño que los amantes del baloncesto sentían. El Torneo de Los Dolores 2025 se convirtió también en un homenaje a Pablo Brieba. Fue una manera de decir que Pablo seguía formando parte del equipo. Porque el baloncesto también es eso, son puntos y los rebotes, pero también las personas que lo forman, las que dejan una huella cuando se marchan. Los jugadores que reconocemos por su forma de jugar y que terminamos recordando por su forma de ser. Con ellos se comparten vivencias y se cruzan caminos durante años. En el caso de Pablo, su historia quedó ligada para siempre al Tizziri Tinajo y al baloncesto de su isla.
Un año después, su nombre vuelve a aparecer en las páginas de CanariasBaloncesto.com no para hablar de una estadística, de un resultado o de una competición, sino para recordar que detrás de cada camiseta hay una historia y detrás de cada jugador hay una persona. Pablo Brieba forma ya parte de la memoria del baloncesto de Lanzarote. Y mientras haya un balón botando en el Municipal de Tinajo, mientras alguien recuerde aquel playmaker que llevaba el timón del equipo de su pueblo, seguirá estando presente. Un año después, Pablo sigue jugando. Aunque ahora lo haga en otro lugar, en la memoria de quienes lo conocieron.
