Méndez pone nombre a un problema que va mucho más allá de España

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Miguel Méndez llega al Mundial de Berlín con una selección española que considera capaz de competir por todo, pero también con una mirada especialmente crítica sobre el momento que atraviesa el baloncesto femenino europeo. En una entrevista publicada este domingo por El País, el seleccionador español lanza un diagnóstico contundente: salvo España y Francia, Europa está sufriendo una «crisis tremenda de producción de jugadoras».

Méndez no habla únicamente de la situación de las selecciones absolutas. Su análisis parte de lo que está sucediendo en la base. A su juicio, países que durante años fueron capaces de producir varias jugadoras de nivel Euroliga por generación, como Eslovaquia, Eslovenia, Grecia, Bulgaria, Rusia o Ucrania, siguen sacando talentos puntuales, pero han dejado de hacerlo con la continuidad de otras épocas. «Solo España y Francia sacan cinco o seis por generación de nivel Euroliga», sostiene el técnico, que sitúa el frenazo especialmente después de la pandemia y asegura que también resulta evidente en los campeonatos de formación.

La reflexión adquiere mayor peso porque procede de un entrenador que conoce de primera mano buena parte del ecosistema europeo. Méndez acaba de conquistar su cuarta Euroliga femenina, la primera con Fenerbahçe después de haber ganado tres con Ekaterimburgo, y durante los últimos años ha trabajado con algunas de las mejores jugadoras y estructuras del continente. Ahora ha decidido no continuar en Turquía y rechazar otras ofertas para centrarse en la selección, después de reconocer que la última temporada había sido especialmente exigente en el plano personal.

Su diagnóstico también conecta con una cuestión que afecta directamente al futuro de las competiciones de clubes. Si cada vez son menos los países capaces de producir jugadoras preparadas para la élite, la Euroliga corre el riesgo de concentrar todavía más el talento en un grupo reducido de mercados y depender en mayor medida de jugadoras extranjeras. Y esa concentración puede terminar teniendo consecuencias también en las selecciones nacionales, que necesitan una masa crítica de jugadoras de alto nivel para mantener su competitividad.

España representa, precisamente, una de las excepciones que señala Méndez. La selección llega a Berlín después de recuperar su presencia mundialista ocho años después de su última participación y con una generación que combina la experiencia de jugadoras como Alba Torrens, Mariona Ortiz, Maite Cazorla o María Conde con el crecimiento de jóvenes como Iyana Martín, Awa Fam o Elena Buenavida. La clasificación para el Mundial ya mostró la profundidad del grupo y durante la preparación Méndez ha insistido en que la competencia interna es tan elevada que algunas jugadoras de enorme nivel pueden quedarse fuera de las doce plazas definitivas.

El propio seleccionador considera que esta puede ser la plantilla más potente que ha dirigido y cree que las jóvenes todavía no han alcanzado su mejor momento. Esa confianza contrasta con el problema que observa en el resto del continente: mientras España y Francia continúan produciendo generaciones completas, otros países históricos del baloncesto femenino europeo parecen tener cada vez más dificultades para mantener ese flujo de talento.

Hay, además, un elemento que Méndez identifica como parte del nuevo escenario: la marcha de jugadoras a Estados Unidos. La selección española ha tenido que afrontar una preparación muy condicionada por el calendario de la WNBA, hasta el punto de que cinco internacionales se han incorporado más tarde al grupo y España ha tenido que disputar buena parte de sus amistosos sin algunas de sus principales jugadoras interiores.

El seleccionador entiende que esa realidad obliga a trabajar todavía más en Europa, pero no plantea el problema como una cuestión exclusivamente española. De hecho, su lectura apunta a algo mucho más profundo: si se está produciendo menos talento en las categorías de formación, la pérdida de nivel acabará apareciendo inevitablemente en la élite.

La cita de Berlín permitirá comprobar una parte de ese diagnóstico. España y Francia llegan como dos de las principales referencias europeas, mientras que Bélgica, Alemania, Italia y otras selecciones intentarán disputarles ese espacio. Pero la cuestión que plantea Méndez no se resolverá en un Mundial. Tiene que ver con lo que sucederá después, cuando las generaciones que hoy están en las categorías inferiores tengan que alimentar las plantillas de Euroliga y las selecciones absolutas.

Por eso su reflexión merece ser escuchada más allá de la preparación de España. No está hablando solamente de cómo llega la selección al Mundial, sino de quién va a jugar los grandes torneos europeos dentro de cinco o diez años. Y ahí el debate sobre la producción de talento femenino en Europa puede ser uno de los asuntos más importantes para el futuro del baloncesto continental.