La guerra de las zapatillas ya no se juega solo entre Nike y Adidas

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Durante décadas, el mercado de las zapatillas de baloncesto tuvo dos nombres dominantes. Hoy la batalla es mucho más abierta y también más sofisticada: Nike y Adidas conservan buena parte del escaparate, pero Puma, Under Armour, Jordan, New Balance, Reebok, Skechers y las grandes marcas asiáticas han convertido el terreno de juego en un auténtico mercado global de estrellas.El movimiento de los últimos días lo resume bien. Nike ha puesto este 1 de octubre en el mercado mundial la Caitlin 1, la primera zapatilla de firma de Caitlin Clark, mientras Donovan Mitchell acaba de renovar su relación con Adidas para continuar desarrollando su colección D.O.N., que alcanzará al menos diez modelos.

Clark representa además algo más que una nueva estrella para Nike. La jugadora de Indiana Fever explicó que durante su etapa universitaria habló con Nike, Adidas y Under Armour, y que las tres compañías le ofrecieron desarrollar una zapatilla de firma. La elección terminó decantándose por Nike, la marca con la que quería competir desde niña.

El movimiento refleja hasta qué punto ha cambiado el baloncesto femenino. La Caitlin 1 llega a un mercado en el que ya existen las líneas de Sabrina Ionescu y A’ja Wilson con Nike, Angel Reese con Reebok y Breanna Stewart con Puma. La colección de Clark se incorpora así a un escaparate de zapatillas de firma femeninas que hace apenas unos años era prácticamente inexistente.

Pero la pelea no termina en las dos grandes marcas estadounidenses. La relación de Stephen Curry con Under Armour ha entrado en una nueva etapa y las compañías asiáticas han ganado presencia entre las grandes estrellas de la NBA. ANTA cuenta con Kyrie Irving y Klay Thompson; Li-Ning trabaja con Jimmy Butler; 361º tiene a Nikola Jokic; Peak a Andrew Wiggins y Rigorer a Austin Reaves. En la lista de modelos de firma de 2026 aparecen 33 jugadores de NBA y WNBA vinculados a un número creciente de marcas.

El cambio también se aprecia sobre la pista. Un seguimiento de las zapatillas utilizadas en la NBA durante la temporada 2025-26 situaba a Nike en torno al 61% de los minutos registrados, muy por delante de Adidas, con algo más del 10%, y Jordan, con cerca del 8%. Pero detrás aparecen ya Anta, Puma, New Balance, Skechers, Li-Ning y otras marcas que hace una década tenían una presencia mucho menor en el baloncesto estadounidense.

La batalla, por tanto, ya no consiste únicamente en conseguir al mejor jugador. Consiste en construir una marca alrededor de él o de ella, desarrollar una colección reconocible y convertir esa relación en una comunidad de consumidores. Caitlin Clark, Sabrina Ionescu, A’ja Wilson, Angel Reese o Breanna Stewart muestran que el baloncesto femenino se ha convertido en uno de los principales escenarios de esa estrategia.

Y ahí está probablemente la verdadera batalla. Las grandes marcas ya no compiten solamente por vender zapatillas a quienes juegan al baloncesto. Compiten por conseguir que una nueva generación quiera llevar las zapatillas de su jugador o jugadora favorita.