Japón quiere convertir su Mundial de 2030 en el gran salto del baloncesto femenino

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Japón no quiere esperar hasta 2030 para empezar a jugar su Mundial. La designación de Tokio como sede de la Copa del Mundo Femenina de 2030 ha puesto en marcha un proyecto de cuatro años que pretende aprovechar el campeonato para dar un nuevo impulso al baloncesto femenino en el país y consolidar a una generación que ya empieza a ocupar espacio en la selección absoluta. El torneo se disputará del 26 de noviembre al 8 de diciembre de 2030 y coincidirá con el centenario de la Japan Basketball Association.La apuesta japonesa tiene además un precedente difícil de ignorar. En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, la selección femenina alcanzó por primera vez una final olímpica y terminó conquistando la plata. Casi una década después, el regreso de la gran competición internacional a Tokio ofrece la posibilidad de construir una nueva generación alrededor de aquel legado, pero también de utilizar el Mundial como herramienta para aumentar la popularidad del baloncesto femenino en todo el país.

La Federación Japonesa ya habla abiertamente de estos cuatro años como un periodo de construcción. Su presidente, Shimada Shinji, considera 2030 un posible punto de inflexión y ha situado la creación de impulso alrededor del torneo como uno de los grandes objetivos del proyecto. Japón cuenta actualmente con una generación joven que puede llegar a su madurez competitiva precisamente cuando el Mundial llegue a Tokio.

Entre sus principales referencias aparece Kokoro Tanaka, que con solo 20 años ya se ha convertido en una de las jugadoras más interesantes del baloncesto asiático. La base de Eneos Sunflowers tuvo un papel destacado en su debut internacional en la Asia Cup de 2025 y ha mantenido esa progresión en la selección absoluta. En el Mundial de Berlín está promediando 14,8 puntos en los cuatro primeros partidos, una muestra de la responsabilidad que Japón ya está depositando en ella.

Junto a ella estará Mai Yamamoto, la otra gran referencia exterior del proyecto. Su experiencia y capacidad anotadora deben servir de puente entre la generación que llevó a Japón a la final olímpica y las jugadoras que están llamadas a tomar el relevo. FIBA la situó entre las mejores del torneo clasificatorio para el Mundial de 2026 y la considera una de las piezas sobre las que Japón puede construir su futuro.

También aparece Aika Hirashita, que ya dio un paso adelante en el clasificatorio mundialista y forma parte del grupo de jugadoras jóvenes que FIBA identifica como importantes para el proyecto de 2030. Y el relevo no termina ahí: la federación japonesa tiene por delante los Mundiales U17 y U19 de los próximos dos años para seguir alimentando una estructura que pretende llegar a Tokio con una generación preparada para competir al máximo nivel.

El proceso, además, no se limitará a 2030. Japón tendrá por delante las Copas de Asia de 2027 y 2029 y, entre ambas, el desafío de intentar estar en Los Ángeles 2028, antes de afrontar el Mundial de casa. La propia FIBA interpreta esa secuencia como parte del proceso de construcción del equipo que quiere llegar a Tokio con opciones reales de luchar por las medallas.

Por eso, más que una simple elección de sede, Japón ha recibido una oportunidad para construir una narrativa alrededor de su baloncesto femenino. El país ya demostró en Tokio que puede competir por las grandes medallas. Ahora dispone de cuatro años para convertir aquella plata olímpica en el punto de partida de una nueva etapa. Tokio 2030 será el escaparate. El verdadero proyecto japonés empieza mucho antes.