España ha vuelto a encontrarse con un problema que ya había mostrado durante el verano. La derrota ante Portugal por 89-95 en Zaragoza no solo complica el camino hacia el Mundial de Catar 2027, sino que vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que ya apareció en la remontada de Georgia: cuando el rival consigue llevar el partido a un escenario físico, cerrado y de mayor experiencia, la nueva selección española todavía no siempre encuentra las respuestas.Lo reconoció Joel Parra después del encuentro. “Nos hemos encontrado un rival con experiencia, veterano, que sabe a qué jugar. Y no hemos sabido jugar. Nos ha pasado como con Georgia”. Una frase que resume bastante bien lo sucedido en el Príncipe Felipe y que conecta directamente la derrota de este viernes con aquel partido de julio en Tiflis, cuando España llegó a dominar por 22 puntos y terminó perdiendo en la prórroga.
También Chus Mateo apuntó en esa dirección. El seleccionador explicó después del encuentro que España es todavía un equipo nuevo, con poca preparación conjunta, y que le faltan “horas de vuelo”. Portugal, en cambio, lleva acumulando trabajo y partidos durante las diferentes ventanas y volvió a demostrar que sabe manejar mejor determinados momentos de los encuentros.
La derrota tuvo varios puntos de conexión con lo ocurrido ante Georgia. España volvió a atravesar diferentes fases de dominio, pero tampoco fue capaz de mantenerlas. Contra Portugal llegó a ponerse ocho puntos arriba en el segundo cuarto y nueve en el tercero, pero en ambas ocasiones permitió que el rival regresara al partido. Al final del tercer periodo el marcador reflejaba un empate a 71 y todo quedó pendiente de los diez minutos definitivos.
Y ahí Portugal fue claramente mejor. España perdió demasiados balones, concedió segundas oportunidades y no encontró continuidad ofensiva cuando el partido exigía más precisión. Las pérdidas llegaron a ser especialmente dañinas durante el último cuarto, mientras Portugal aprovechaba los errores para construir una ventaja que terminó siendo definitiva.
El dato de los rebotes también explica parte de la derrota. España permitió 18 rebotes ofensivos a Portugal y, como reconoció Mateo, esos rechaces terminaron generando demasiados puntos adicionales para un equipo que no necesitaba más ayudas para mantenerse dentro del encuentro.
Portugal tampoco necesitó tener siempre a su mejor jugador sobre la pista. Neemias Queta terminó con 16 puntos y nueve rebotes, pero tuvo que abandonar temporalmente el partido durante el último cuarto por una lesión. En ese momento apareció Diogo Ventura, que terminó con 19 puntos y fue decisivo en el tramo final, mientras Travante Williams lideraba la anotación portuguesa con 22.
España sí encontró protagonistas. Álvaro Cárdenas volvió a ofrecer personalidad y terminó con 18 puntos, cuatro rebotes y cuatro asistencias. Darío Brizuela aportó 19 puntos y Joel Parra añadió 17. Y en una noche especialmente esperada, Aday Mara debutó con la selección absoluta con 12 puntos y seis rebotes, dejando algunos destellos del potencial que puede aportar al nuevo ciclo.
El problema, precisamente, no parece estar en la falta de talento. Está en conseguir que ese talento se convierta en un equipo capaz de controlar los partidos cuando las cosas dejan de salir según el guion.
España se encuentra ahora con un balance de 5-2 y ve cómo Portugal, Georgia y Montenegro se colocan a una sola victoria. Ucrania también está 5-2, por lo que el Grupo I se ha convertido en uno de los escenarios más apretados de esta segunda fase. Los tres primeros conseguirán el billete para el Mundial y todavía quedan cinco partidos por disputar.
La derrota no elimina las opciones de España, pero sí cambia la perspectiva. Lo que podía haber sido una ventana para dejar prácticamente encarrilada la clasificación se ha convertido en una prueba mucho más exigente.
Y la siguiente llega el lunes en Atenas. Grecia también necesita ganar después de haber comenzado esta segunda fase con problemas y España tendrá que demostrar allí que ha aprendido la lección de Zaragoza. No será suficiente con tener buenos momentos, recuperar ventajas o encontrar actuaciones individuales. Tendrá que saber jugar el partido completo.
Porque eso es precisamente lo que le faltó ante Portugal. Y lo más significativo es que Joel Parra ya había identificado el problema antes de que terminara de enfriarse el partido. España vuelve a tropezar con la misma piedra.
