Hay decisiones que cuesta entender. Y la de RTVE este sábado es una de ellas. España estaba jugando una semifinal del Mundial femenino de baloncesto contra Estados Unidos. Una selección española había regresado a las semifinales de un campeonato del mundo y tenía delante a la gran potencia histórica del baloncesto femenino. Era uno de esos acontecimientos que deberían formar parte de la televisión pública.Pero quien encendiera La 1 a las 19:25 horas se encontró con otra cosa: La sombra de un secuestro, una película de 2004 dirigida por Pieter Jan Brugge. La programación oficial de RTVE situaba el largometraje en La 1 desde las 19:25, mientras la semifinal España-Estados Unidos se emitía en Teledeporte y RTVE Play.
No se trata de discutir si Teledeporte es un canal adecuado para emitir baloncesto. Lo es. Tampoco de negar el valor de RTVE Play como plataforma para seguir los acontecimientos deportivos. El problema es otro: ¿por qué una semifinal mundialista con España no merecía un espacio en La 1?
RTVE sabía perfectamente lo que tenía entre manos. El día anterior había anunciado la semifinal, había promocionado el España-Estados Unidos y había destacado que el encuentro podía seguirse en directo y gratis a través de Teledeporte y RTVE Play.
Pero España no estaba disputando un partido cualquiera. Estaba jugando por una plaza en la final de un Mundial. Terminó perdiendo 66-76 después de competir hasta el último cuarto contra Estados Unidos, en una de las grandes noches del baloncesto femenino español. La propia RTVE calificó posteriormente la actuación de España como una gran semifinal.
La pregunta, por tanto, resulta inevitable: ¿qué acontecimiento necesita el deporte español para que la televisión pública considere que merece La 1?
La decisión resulta todavía más llamativa porque no estamos hablando de que La 1 tuviera programado un gran acontecimiento alternativo. A esa hora estaba emitiendo cine. Después llegaron el Telediario 2, Deportes 2 e Informe Semanal.
Jacobo Buceta puso el dedo en la llaga en redes sociales al llamar la atención sobre la situación: mientras España se jugaba el pase a una final mundialista, La 1 ofrecía una película de 2004.
Y quizá esa sea la cuestión de fondo. No se trata de pedir que todo el deporte vaya a La 1. Se trata de que la televisión pública sea capaz de reconocer cuándo un acontecimiento deportivo trasciende el nicho de los aficionados habituales. España contra Estados Unidos, una semifinal de un Mundial y una selección nacional peleando por volver a una final. Ese era el acontecimiento de la noche. RTVE decidió que en La 1 tocaba cine y, de forma repentina, se olvidaban de feminismo e igualdad y, por encima de todo, del sentido común.
