El 3×3 español vuelve a mirar al futuro desde hoy. Wuhan acoge desde este martes y hasta el próximo sábado el Mundial U23 de 3×3, una cita que reúne a 40 selecciones —20 masculinas y 20 femeninas— y que representa mucho más que la búsqueda de dos títulos mundiales de formación. Para FIBA, el torneo constituye uno de los principales escalones en el desarrollo de los jugadores hacia el circuito profesional y las selecciones absolutas.
España estará presente en las dos competiciones. La selección masculina ha quedado encuadrada en el Grupo B junto a Letonia, Nueva Zelanda, Egipto y Filipinas, mientras que la femenina parte desde el Grupo C, donde se enfrentará a Letonia, Uganda, Tonga y Madagascar. Las dos selecciones llegan, además, con objetivos diferentes: los chicos intentarán abrirse camino en un grupo especialmente exigente, mientras que las chicas parten como terceras clasificadas del último Mundial U23, disputado en 2025.
La competición se desarrollará durante cinco jornadas. La fase de grupos ocupará de martes a viernes y los cruces por el título se resolverán el sábado 19 de septiembre. El formato concentra buena parte de la exigencia en apenas unos días, en un escenario en el que cada posesión adquiere un peso especial y donde las selecciones necesitan adaptarse rápidamente a un baloncesto mucho más físico, directo y condicionado por el ritmo que el cinco contra cinco.
Pero Wuhan también puede contemplarse desde una perspectiva más amplia. El Mundial U23 forma parte de una cadena de desarrollo que comienza en las competiciones de formación y conduce hacia el 3×3 profesional, con los Youth Nations League como una de las vías de acceso y con oportunidades posteriores para que las federaciones mejor clasificadas puedan incorporarse al Pro Circuit masculino y a la Women’s Series.
Y ahí aparece Los Ángeles 2028 como telón de fondo. El 3×3 tendrá en la próxima cita olímpica su torneo más grande hasta la fecha, después de que el campo haya aumentado de ocho a doce selecciones por género. Estados Unidos tendrá una plaza asegurada como país anfitrión, mientras que las otras once plazas de cada categoría se repartirán entre el ranking de federaciones y los torneos clasificatorios de 2028.
La modificación del sistema de ranking hace todavía más interesante este proceso. FIBA amplió de 12 a 24 meses el periodo de resultados que cuenta para la clasificación olímpica, con el primer corte decisivo previsto para diciembre de 2027. Eso significa que el camino hacia Los Ángeles no empezará en 2028, sino que ya está en marcha y que los resultados que acumulen las federaciones durante este ciclo tendrán consecuencias a medio plazo.
En ese contexto, Wuhan no es una estación olímpica, pero sí una pieza del camino. El Mundial U23 permite observar qué jugadores pueden convertirse en protagonistas del 3×3 internacional durante los próximos años y, sobre todo, qué federaciones están construyendo una estructura capaz de alimentar el salto hacia la élite. Los mejores resultados en Wuhan también tendrán una consecuencia práctica, al abrir oportunidades de acceso al circuito profesional de 2027.
Para España, por tanto, el interés va más allá de lo que ocurra entre hoy y el sábado. El gran desafío será convertir esta generación U23 en una cantera estable para el 3×3 absoluto, precisamente cuando la disciplina comienza a ganar peso dentro del programa olímpico y cuando cada vez más resultados empiezan a tener una lectura a largo plazo. Wuhan es el siguiente examen. Los Ángeles 2028, el horizonte.
