Los Knicks han pasado de celebrar el primer título de la franquicia en 53 años a protagonizar uno de los arranques más inquietantes que se recuerdan en un vigente campeón de la NBA. Tres partidos, tres derrotas y una ventaja de diez puntos desperdiciada en el último cuarto ante Orlando han colocado al equipo de Nueva York frente a una pregunta incómoda: ¿qué queda de la maquinaria competitiva que conquistó el anillo la pasada temporada?
La derrota del domingo en el Madison Square Garden, por 111-102 ante los Magic, fue mucho más que otro tropiezo en octubre. Nueva York llegó a dominar por 86-76 cuando restaban algo más de nueve minutos, pero terminó encajando 40 puntos en el último cuarto y perdió el control de un encuentro que parecía tener encarrilado. Lo hizo, además, ante un rival que jugó sin Paolo Banchero, su principal referencia, ausente por una lesión de tobillo.
El alemán Franz Wagner se encargó de desmontar las certezas de los campeones. Anotó 21 de sus 23 puntos en el periodo definitivo, capturó 13 rebotes y repartió nueve asistencias, liderando una remontada que dejó al descubierto las dificultades defensivas de los Knicks cuando el partido exigía máxima concentración. Desmond Bane añadió 22 puntos y la segunda unidad de Orlando superó con claridad a la neoyorquina, con 47 puntos frente a solo once.
La prensa estadounidense no ha tardado en encender las primeras señales de alarma. El New York Post habla de una preocupación justificada, aunque todavía prematura para dar por perdido el rumbo, mientras SNY identifica problemas concretos en la transición defensiva, las pérdidas de balón y la falta de consistencia. Los Knicks acumulan 49 pérdidas en sus tres primeros encuentros y todavía no han conseguido mantener durante los 48 minutos el nivel que los convirtió en campeones.
Mike Brown, que afronta su primera temporada al frente del equipo después de tomar el relevo en el banquillo, no trató de esconder la situación detrás de la falta de rodaje. El entrenador admitió que sus jugadores parecen lentos, que les falta precisión y que deben mejorar en los pequeños detalles. Su diagnóstico fue todavía más contundente cuando resumió el rendimiento del equipo con una expresión que no necesitaba demasiadas explicaciones: «Estamos hechos una mierda, es así. Y somos los únicos que podemos hacer algo al respecto».
La declaración, recogida por la prensa neoyorquina, no fue una simple salida de tono. Brown señaló la falta de continuidad, los errores no forzados y la incapacidad para cerrar las posesiones defensivas como algunos de los factores que explican el mal comienzo. Los Knicks pueden encadenar varios minutos de buen baloncesto, recuperar la intensidad que los llevó al título y después deshacer el trabajo con pérdidas evitables, malos lanzamientos o una defensa incapaz de proteger la ventaja.
Jalen Brunson también asumió su parte de responsabilidad. El base terminó el partido ante Orlando con 28 puntos, pero necesitó 28 lanzamientos para conseguirlos, anotó solo uno de sus siete intentos de tres y falló tres tiros libres. Más allá de sus números, reconoció que debe organizar mejor el ataque y conseguir que sus compañeros encuentren las posiciones adecuadas para ejecutar las jugadas. «Todo recae sobre mis hombros», admitió, consciente de que la recuperación de Nueva York comienza por su capacidad para dirigir al equipo.
Otro de los focos está en Mikal Bridges, cuyo inicio de temporada está muy lejos de lo esperado. El alero apenas ha sumado diez puntos en los tres primeros partidos y todavía no ha anotado un triple, pese a haberlo intentado diez veces desde esa distancia. Su aportación ofensiva se ha convertido en una de las incógnitas de un quinteto que necesita recuperar el equilibrio entre sus principales anotadores y encontrar soluciones cuando Brunson no consigue imponer su ritmo.
El precedente histórico tampoco invita a la tranquilidad. Los Knicks son el primer vigente campeón que comienza una temporada con tres derrotas consecutivas desde los Dallas Mavericks de 2011-12. Aquella franquicia, que había conquistado el anillo frente a Miami, también sufrió un comienzo complicado en la defensa de su título. Nueva York aún puede evitar un registro más negativo, pero una nueva derrota el martes ante Detroit Pistons lo situaría con un 0-4, un arranque que no se registra en un campeón desde los Boston Celtics de 1969-70, que comenzaron aquella campaña con cuatro derrotas.
Conviene, sin embargo, distinguir entre las primeras señales de alarma y una crisis consolidada. La temporada acaba de comenzar y los Knicks conservan una plantilla capaz de competir por los objetivos más ambiciosos. El propio cuerpo técnico considera que buena parte de los problemas son corregibles, desde la selección de tiro hasta la intensidad defensiva y el control del balón. La cuestión es cuánto tardarán en resolverlos y si la confianza adquirida durante la conquista del campeonato les servirá para reaccionar o terminará convirtiéndose en una peligrosa sensación de seguridad.
El martes, ante unos Pistons que han comenzado con tres victorias en otros tantos partidos, Nueva York tendrá una primera oportunidad para cambiar el relato. No estará en juego el futuro de la temporada, pero sí la posibilidad de demostrar que el mal comienzo es un contratiempo y no el síntoma de un equipo que todavía no ha comprendido que defender un título exige volver a ganárselo desde el primer día.
