Eli John Ndiaye ya tiene destino para la temporada 2026/27. El Real Madrid ha acordado su cesión al Asisa Joventut hasta final de temporada, después de haber recuperado sus derechos en la Liga Endesa al igualar en julio la oferta que había presentado el Valencia Basket por el jugador. Un movimiento que deja una pregunta inevitable sobre la mesa: ¿qué sentido tenía impedir su llegada a Valencia para acabar cediéndolo a otro equipo de la competición?El caso de Ndiaye comenzó a complicarse en julio. Valencia Basket presentó una oferta por el ala-pívot y el Real Madrid, que conservaba sus derechos ACB, decidió igualarla. La operación dejó al jugador nuevamente vinculado al conjunto blanco y privó a Valencia de incorporar a un interior que encajaba en su proyecto. Cadena SER confirmó entonces que el Madrid había ejercido su derecho de tanteo y que la decisión dejaba en manos del club su futuro inmediato.
Semanas después, la solución ha sido otra. El Real Madrid ha anunciado oficialmente la cesión de Ndiaye al Joventut hasta el final de la temporada. El jugador no entra en los planes definitivos de Pedro Martínez y continuará su carrera en Badalona, donde tendrá la oportunidad de recuperar protagonismo en la Liga Endesa.
La paradoja resulta evidente. El Valencia quiso fichar a Ndiaye, el Madrid igualó la oferta y evitó que el jugador acabara en uno de sus principales rivales, y finalmente el interior seguirá jugando en la misma competición, aunque con el Joventut. AS explicaba ya en julio que una de las razones para igualar la propuesta valenciana era precisamente evitar reforzar a un rival directo.
Desde una perspectiva estrictamente deportiva, la estrategia tiene una lectura evidente: el Madrid conserva los derechos ACB de un jugador de 22 años, mantiene una pieza que puede recuperar en el futuro y, al mismo tiempo, evita que un rival de Euroliga como Valencia incorpore ese activo. Pero la decisión también genera una situación difícil de explicar si se observa únicamente desde el presente: Ndiaye no jugará en Madrid y tampoco en Valencia, sino en un Joventut que competirá en Liga Endesa y Basketball Champions League.
El movimiento cobra todavía más interés porque el propio verano madridista apuntaba hacia otra dirección. Cuando el club igualó la oferta valenciana, todavía existía la posibilidad de que Ndiaye formara parte de la plantilla de Pedro Martínez. De hecho, comenzó la pretemporada con el conjunto blanco. Sin embargo, el exceso de efectivos en la posición de ala-pívot y la configuración definitiva de la plantilla terminaron dejando al jugador fuera de los planes del técnico.
Y la cesión ha sido inmediata. Apenas unas horas después de hacerse oficial su llegada a Badalona, Ndiaye debutó con el Joventut en la victoria ante el FIATC Girona por 95-84, aportando 7 puntos en casi 15 minutos.
Para Ndiaye, el desenlace supone al menos la oportunidad de volver a disponer de minutos y continuidad después de su aventura estadounidense. Para el Joventut, la llegada de un jugador de 22 años, formado en el Real Madrid y campeón de la Euroliga en 2023, supone un refuerzo de considerable valor.
Para el Madrid, queda otra lectura. El club ha conservado el control sobre los derechos ACB del jugador y ha evitado que acabara en Valencia. Es una estrategia perfectamente defendible desde la lógica competitiva, pero también una de esas operaciones que dejan una sensación extraña: el jugador que el Madrid no quería ver en Valencia sí jugará contra el Madrid durante la temporada, pero lo hará vestido de verdinegro. Y ahí está la verdadera peculiaridad del caso Ndiaye: el Real Madrid ha ganado la batalla del tanteo, pero todavía está por ver qué gana realmente con ella.
