Chris Johnson lanza una pregunta incómoda al baloncesto: ¿desarrollamos jugadores o los obligamos a encajar?

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Chris Johnson conoce desde dentro el mundo del desarrollo de jugadores. Ha trabajado con estrellas como LeBron James, Dwyane Wade, Jimmy Butler y Tyrese Maxey y ha pasado por diferentes niveles del baloncesto estadounidense, desde la universidad hasta la NBA y la G League. Por eso resulta especialmente interesante escucharle cuestionar uno de los problemas que, a su juicio, aparecen con demasiada frecuencia en la formación de jugadores: confundir el desarrollo con la obligación de encajar en un sistema.En una conversación junto a Dwyane Wade, Johnson puso el foco en una experiencia que le marcó durante sus primeros años como entrenador universitario. Según explicó, llegó a encontrarse con asistentes que conocían perfectamente el sistema que debían ejecutar, pero que tenían muchas más dificultades para identificar qué necesitaba realmente cada jugador para crecer.

El problema, en su opinión, aparece cuando un jugador deja de ser valorado por aquello que puede llegar a hacer y empieza a ser juzgado únicamente por su capacidad para desempeñar el papel que el sistema necesita.

Johnson recordó casos de compañeros universitarios que habían sido auténticas estrellas en el instituto y que, después de llegar a la universidad, acabaron relegados porque no encajaban en el modelo de juego de su entrenador. Jugadores que habían sido reclutados precisamente por unas determinadas capacidades y cuyo juego, sin embargo, terminaba modificándose hasta convertirlos en algo diferente.

La reflexión va más allá de una crítica a los entrenadores universitarios. Johnson plantea una cuestión mucho más amplia: si el objetivo del entrenador es conseguir que el jugador sea útil para su sistema o conseguir que el jugador sea mejor.

«O no sabías desarrollar a esos jugadores o estabas tan obsesionado con que cada uno estuviera exactamente en el lugar previsto por tu sistema que ya no sabías realmente entrenar a los jugadores», explicó en la conversación.

La diferencia puede parecer pequeña, pero tiene enormes consecuencias. Un sistema necesita que los jugadores entiendan sus responsabilidades, pero el desarrollo individual exige precisamente lo contrario en determinados momentos: permitir que el jugador explore sus fortalezas, se equivoque, amplíe sus recursos y encuentre nuevas soluciones.

El propio recorrido de Johnson ayuda a entender su planteamiento. Su trabajo como entrenador y especialista en desarrollo se ha basado durante años en identificar las fortalezas y debilidades de cada jugador y diseñar planes individuales para mejorar su rendimiento. Su metodología también pone el acento en la lectura del juego, la toma de decisiones y el desarrollo mental, no únicamente en la repetición de gestos técnicos.

Y no es una idea completamente nueva en su trayectoria. Hace años, cuando trabajaba con jugadores NBA, Johnson ya explicaba que un desarrollador debía conocer los sistemas de los 30 equipos para entender qué necesitaba cada jugador y encontrar la mejor manera de potenciarlo dentro de un contexto concreto. En aquel momento resumía el desafío de una manera muy gráfica: no se trata de decirle a un jugador lo que quieres que sea, sino de encontrar el espacio en el que sus capacidades puedan convertirse en una ventaja. Ahí está precisamente la frontera entre desarrollar y moldear.

Un jugador puede necesitar aprender a jugar dentro de un sistema. Puede necesitar mejorar su defensa, ampliar su rango de tiro, tomar mejores decisiones o asumir un rol diferente. Pero si el proceso termina eliminando aquello que lo hacía especial, el entrenador puede estar consiguiendo un jugador más obediente y, al mismo tiempo, un jugador menos completo.

La cuestión de fondo es especialmente relevante en las etapas de formación. En edades tempranas, donde todavía se están construyendo las herramientas técnicas, físicas y cognitivas que definirán al jugador, resulta tentador buscar resultados inmediatos: colocar a cada jugador en una posición, asignarle una función concreta y construir un equipo que gane.

Pero desarrollar jugadores requiere otra mirada. Quizá la pregunta que deja Chris Johnson no sea si los sistemas son buenos o malos. Es mucho más incómoda: ¿Estamos construyendo sistemas para aprovechar a nuestros jugadores o estamos construyendo jugadores para que encajen en nuestros sistemas? Porque la diferencia entre ambas cosas puede determinar hasta dónde llega un talento.