China llegará al Mundial de Berlín con una de las armas más singulares del campeonato: tres pívots de más de dos metros que pueden coincidir sobre la pista y convertir su juego interior en un problema diferente para prácticamente cualquier rival.Han Xu mide 2,05 metros. Li Yueru alcanza los 2,01. Y Zhang Ziyu, la adolescente que ya se ha convertido en una de las grandes atracciones del baloncesto internacional, llega a los 2,20. Tres jugadoras interiores que ofrecen a China una combinación de tamaño, experiencia y potencial difícil de encontrar en el baloncesto femenino actual.
La fórmula ya fue presentada por FIBA como las ‘Triple Towers’ de China. El organismo internacional destacó durante el torneo clasificatorio que las tres formaban una rotación interior prácticamente única por sus dimensiones y por el potencial que todavía tienen por delante.
La gran novedad es Zhang Ziyu. Con 19 años, la jugadora de Shandong Shangao ya no es solamente una promesa. Se ha convertido en una pieza de la selección absoluta después de haber sido una de las grandes protagonistas de la Copa de Asia de 2025. En su debut mundialista en los clasificatorios aportó 12 puntos con un extraordinario 6 de 8 en tiros de campo.
A su lado están dos jugadoras que ya conocen perfectamente el baloncesto internacional de máximo nivel. Han Xu, de 26 años y 2,05 metros, combina tamaño con capacidad para lanzar desde posiciones exteriores y llega al Mundial después de promediar 12,4 puntos, 5,6 rebotes y 2 asistencias en el clasificatorio.
Li Yueru aporta otro perfil. La pívot de 2,01 metros juega en las Dallas Wings y acumula experiencia en la WNBA. En el clasificatorio tuvo un protagonismo irregular, pero su trayectoria internacional demuestra que puede convertirse en una referencia cuando el escenario lo exige: en los Juegos de París promedió 17,7 puntos y 11 rebotes en los tres partidos que disputó China.
La combinación resulta todavía más llamativa cuando se observa el mapa de alturas del campeonato. Zhang fue la jugadora más alta de todos los torneos clasificatorios, con Han segunda y Li cuarta. Entre ellas solo se situó la senegalesa Mame Khoudia Fall, de 2,03 metros. China colocó así a tres de las cuatro jugadoras más altas de aquella fase.
Pero el tamaño, por sí solo, no garantiza nada. El verdadero desafío para China será conseguir que esa superioridad física se transforme en una ventaja colectiva. Tener a tres jugadoras de semejantes dimensiones obliga también a encontrar espacio, ritmo y equilibrio ofensivo, especialmente ante selecciones capaces de jugar lejos del aro y atacar la defensa en transición.
Ahí estará una de las grandes incógnitas del Mundial. Las rivales intentarán sacar a las interiores chinas de la zona, acelerar el partido y atacar los espacios que puedan quedar a sus espaldas. China, en cambio, tendrá la posibilidad de llevar los encuentros a un terreno en el que pocas selecciones pueden competir: rebote, protección del aro y juego cerca de la canasta.
Y hay algo que convierte este proyecto en especialmente interesante. Han Xu y Li Yueru todavía están en una edad en la que pueden ofrecer varios años de máximo nivel, mientras Zhang Ziyu apenas está comenzando su carrera internacional. Lo que ahora parece una ventaja puntual puede convertirse en la identidad de China durante buena parte de la próxima década.
La selección asiática ya sabe lo que significa competir por las medallas. Fue subcampeona mundial en 2022 y llega a Berlín con la intención de dar el último paso que entonces se le escapó. Esta vez, además, dispone de una tercera dimensión en su juego interior.
Han Xu, Li Yueru y Zhang Ziyu. 2,05, 2,01 y 2,20 metros. China no solo tiene altura. Tiene tres formas diferentes de utilizarla.
